ACOMPAÑAR EL CRECIMIENTO INFANTIL EN GRUPO. La sesión de práctica psicomotriz educativa como herramienta fundamental.

La sensación de sí, y de dominar el sí mismo, sentirse suficientemente dueño de la propia vida, de las propias acciones y decisiones: la capacidad de representarse lo que se siente, de ponerle palabra y de dominarlo, canalizándolo a través de herramientas simbólicas, evitando el paso al acto que puede causar daños/malestares, en ocasiones irreparables.

La construcción de un sujeto con suficiente bienestar es la base de desarrollar un sentimiento de valía y respeto hacia sí mismo que se extiende hacia proyectar esa valía y ese respeto hacia los otros que “son como yo y merecen lo mismo que yo”.

LA SESIÓN DE PRÁCTICA PSICOMOTRIZ EDUCATIVA. ALGUNAS REFLEXIONES.

  1. Construir un entorno cuidadosamente dispuesto para que las niñas y niños puedan acceder al mundo, simbólico y “mágico”, del juego, Un mundo que, si está suficientemente estructurado, va a permitir la “justa distancia” entre la realidad y lo que se vive en el juego.
  2. Se trata de crear “otro espacio-tiempo” en el que se atenúan las angustias, tensiones, que
    inevitablemente provoca el crecer, en donde ”filtrar” las influencias de la realidad, y facilitar las herramientas infantiles para “hacerse cargo de sí mismos y de su encuentro con la realidad”. Estas herramientas son necesarias para poder vivir la realidad como asumible, antes de que se vaya desarrollando el pensamiento operatorio que va a permitir acceder un acceso “más objetivo” a esa realidad.

Ahora bien ¿qué factores son los que permiten que las niñas y niños puedan, realmente, con suficientes garantías, acceder a ese mundo lúdico, simbólico, mágico, base de la vida hasta los 7/8 años? Veamos:

1. FORMACIÓN

  • Un/a profesional que se ha formado en tratar de comprender el sentido de las acciones, movimientos, juegos, palabras y expresiones plásticas (lo que llamamos “expresividad psicomotriz”) de las niñas y niños. Pero no una comprensión meramente cognitiva, no se puede construir un “diccionario de sentidos de esta expresividad, sino empática, es decir, sintiendo verdadero interés, dejándose “tocar suficientemente”, por lo que ellas y ellos están expresando.
  • Un/a profesional que se ha formado no solo en la comprensión teórica y la adquisición de herramientas metodológicas y prácticas, sino también, y este es un elemento básico, personales. Una formación personal para el desarrollo de una labor profesional. Porque acompañar diariamente a grupos de niñas y niños en los primeros años de vida, si se hace desde considerar la educación infantil como un entramado de relaciones intersubjetivas, supone ofrecerse como modelo y como receptor de múltiples e intensos deseos, emociones, dudas, ilusiones, excesos, carencias, sueños…
  • Y hay que tener la capacidad y la actitud interna de “estar disponible” a escuchar lo que narran en sus diferentes y diversas expresividades, atenuando y canalizando al máximo las resonancias que todo ello produce en el propio mundo interno del adulto. Resonancias que pueden producir en el/la profesional, “reacciones emocionales” intensas que pueden condicionar, de manera no deseada, sus respuestas e intervenciones, incluso el marco pedagógico que se construye. Es decir, el riesgo de no responder teniendo en cuenta, verdaderamente, lo que le conviene a cada niña o niño para avanzar en sus procesos de maduración, sino, inconscientemente, “utilizando” la respuesta o intervención sobre la acción infantil para “aliviar” la propia carga emocional.
  • Ofrecer a la vez sostenimiento afectivo y contención estructurante no es una capacidad/actitud fácil de mantener cuando un grupo de niñas y niños entran en acción con toda su energía vital, y diversas y, en ocasiones, complejas y complicadas historias personales, que actúan en las dinámicas grupales.

Esto exige una sólida formación profesional y personal, como la ofrecida en las Escuelas ASEFOP, y no “cursos exprés virtuales”.

2. LA SALA Y LOS MATERIALES

  • Un espacio que se ha ido estructurando en sus espacios y en las características de los materiales, pensando en ofrecer a las niñas y niños un mensaje rotundo: AQUÍ PUEDES JUGAR CON TU CUERPO Y TUS DESEOS porque, como puedes ver, los adultos que te acompañan han pensado con atención en ti y en tus capacidades y límites, en tu manera de ser y estar en el mundo.
  • Materiales pensados para que las niñas y los niños puedan transformar y transformar-se, actuando a partir de ellos, sobre ellos, con ellos, desde la acción corporal, afectiva, simbólica, expresiva, proyectando, invistiendo con sus afectos su utilización, permitiéndoles realizar un ajuste entre lo mágico y lo real, ya que la materialidad de los objetos encontrados en la sala va a servir de apoyo real a lo simbólico, ayudando a contener los imaginarios excesivos y sirviendo de base segurizante a las inhibiciones temerosas. Al servicio de ese diálogo necesario entre juego y realidad.

La sala y los materiales preparados son la primera intervención que se realiza en la sesión de psicomotricidad, por eso deben ser espacios también investidos afectivamente por las y los psicomotricistas, mostrando a las niñas y niños su interés y mirada atenta sobre lo que va a suceder en ese espacio.

Una sala en la que no se hace “bien o mal” la psicomotricidad, sino que se hace, sin juicio, y en donde un adulto se encarga de que ese hacer se pueda transformar en medio de acceso al bienestar personal y grupal.

3. EL TIEMPO. LOS TIEMPOS

La sesión de psicomotricidad es ese “otro espacio-tiempo”.

En la sesión de psicomotricidad no se enseña ni se realizan “ejercicios para”. Pero las niñas y niños sí aprenden y sí se “ejercitan para”, aunque ellas y ellos no lo sepan, porque el verdadero juego es “sin objetivos” (Winnicott).

El tiempo, dar tiempo… ¿para qué? Para poder ser sujeto de los procesos de descubrimiento y construcción de la propia corporalidad, motricidad, relaciones, proyectos, del propio SER.

Hacia los 4 años hay ya unas preguntas que deberían irse construyendo, que se han ido construyendo en las experiencias de los años anteriores:

  • ¿Qué quiero hacer (proyectos, anticipación, deseo)?
  • ¿Qué estoy haciendo? No ser desbordado por angustias excesivas que hacen perder la capacidad de habitar y disfrutar el verdadero juego.
  • ¿Qué he hecho? ¿Qué y cómo me siento con lo que he hecho? Para integrar lo vivido es necesario, primero, que lo vivido “toque” a la persona, y segundo, que pueda elaborarlo, asumirlo, con la palabra, la representación… “ponerle nombre”, de manera que pueda ocupar su lugar en la estructura psíquica, personal, que se está construyendo.

La sesión de psicomotricidad debe tener un tiempo suficiente que permita a las niñas y niños vivir procesos sin prisa, con suficiente calma, para poder dudar, equivocarse, probar de nuevo, ir y venir, avanzar, retroceder, volver a avanzar… hablamos de sesiones que pueden ser de una hora antes de los 3 años (recordemos que en el 0-1 no hay sesión como tal, sino experiencias psicomotrices, porque no hay capacidad de simbolizar), y de 1 hora y media mínimo de los 3 a los 7/8 años.

Estos tiempos permiten estructurar las sesiones de manera que puedan desarrollarse procesos que transiten por las acciones más corporales, los juegos simbólicos, las representaciones plásticas y el diálogo a través de la palabra.

Un tiempo para los rituales de entrada y salida. Lugares estructurados para el diálogo.

Un tiempo para la expresividad motriz (movimiento y simbolización)

Un tiempo para la expresividad plástica (re-presentar lo vivido, realizando un movimiento de toma de distancia, ya que ahora el sujeto no está dentro de lo representado, sino que lo construye con sus manos “desde fuera” y con su cuerpo en suficiente quietud para centrarse en la elaboración del dibujo, de la construcción con maderas o el modelaje con plastilina, etc.

La estructura en fases o tiempos no suele desarrollarse antes de los 3 años, en esta etapa la sesión es un solo tiempo, ajustado a la manera no diferenciada de actuar d ellos bebés en esas edades. Y progresivamente, dependiendo de cada grupo y circunstancias, se irán implantando las fases o tiempos en la estructura de la sesión.

4. POSIBILITAR EL DESEO. EL «COMO SI». LA LEY-SEGURIDAD/FRUSTRACIÓN

En el ritual de entrada, momento necesario para construir ese “espacio-tiempo simbólico/mágico”, se nombra LA LEY (que no es una ley que impone el/la psicomotricista a las niñas y niños, sino que actúa como “paraguas protector” de todas y todos quienes están en esa sesión, incluida la/el psicomotricista): “En esta sala es `posible hacerlo todo “como si”, es decir, jugando, y a condición de no hacer ni hacerse daño”.

Y la/el psicomotricista se presenta como garante de esta ley, comenzando por mostrar a las niñas y niños, con sus actitudes y acciones, que el/ella respeta coherentemente aquella, y por lo tanto puede defender su cumplimiento por parte de las niñas y los niños.

Una ley que trata de no reprimir ni restringir las posibilidades de acción y juego, sino de posibilitarlos.

Una ley-frustración que no culpabiliza sino que responsabiliza y ayuda al/a la niña o niño a comprender los efectos de sus acciones, y le pone en situación de poder canalizar de otra manera aquello que necesita expresar o elaborar: “No puedes tirar piezas de madera a la cabeza de tus compañeras/os, pero sí puedes lanzar estas pelotas contra la pared, o contra los bloques, o tratar de ver si consigues meterlas en un cubo”, con el objetivo de respetar la necesidad de “lanzar con fuerza”, pero evitando el causar daño o malestar, y convirtiéndolo en juego y capacidad, productores de bienestar.

Una autoridad necesaria, dirigida a contener las acciones inadecuadas, para poner seguidamente al niño/a en la posición de capacidad y de ser un sujeto que puede aportar bienestar, por ejemplo, al niño/a que ha pegado: “Sabes que aquí no hacemos daño, yo he visto que estás enfadada/o, nerviosa/o, y que tienes fuerza. Enséñame esos saltos tan increíbles que sabes hacer …”

Porque el verdadero juego, el que sirve a las niñas y niños para elaborar la vida, su vida, y poder canalizar las tensiones y conflictos, es “sin daño”, sin imponer por la fuerza nada al otro, es compartir el placer de “jugar con”, después de haber vivido con suficiente placer el “jugar a”.

5. DEL PLACER DE HACER AL PLACER DE PENSAR

Con todo este entorno, configurado por la presencia de un/una psicomotricista (no hay verdadera sesión de psicomotricidad sin un/una psicomotricista, con formación adecuada), es que las niñas y los niños pueden:

  • Primero, acceder al deseo de actuar.
  • Segundo, poner ese deseo en marcha. En acciones que les producen bienestar, desde lo más corporal hasta lo más simbolizado.
  • Tercero, encontrar a las otras y otros y compartir su actuar. “Jugar con”, “hacer con”, “hablar con”. El bienestar compartido y ampliado en el grupo.
  • Cuarto, poner palabras e imágenes a lo vivido, y compartirlo a través del diálogo verbal. Porque lo vivido deja huella y crea estructuras internas y sociales

Todo esto explica cómo las acciones realizadas en los momentos de circulación autónoma o de juego/ movimiento autónomo, en las aulas o en los patios y espacios exteriores, no pueden aportar con la misma intensidad y garantía, la construcción de ese espacio simbólico en donde es posible transformar la realidad y transformar la manera de verse, de sentirse, de ser y estar en el mundo. Porque la realidad se impone, e impone sus tendencias.

Es necesario contar con herramientas como las sesiones de psicomotricidad, que son capaces de ayudar a atenuar aquellas “sombras de la realidad” que bloquean o dificultan los procesos saludables de maduración, permitiendo que las niñas y niños pongan en marcha nuevas posibilidades de crear y construir acciones productoras de bienestar y crecimiento personal y social.

Y ello implica, la necesaria formación en los aspectos personales del/ de la profesional que permita atender, desde la comprensión empática, con afecto y autoridad, a las expresiones vitales infantiles y su desarrollo, en la dirección de poder acceder al desarrollo de sus capacidades, con suficiente garantía.

 

Artículo escrito por ALVARO BEÑARAN ARANZABAL.